TEMA 8. Individualismo en las ciencias sociales.
Holismo frente a individualismo. Individualismo metodológico e individualismo normativo. La objetividad de los hechos sociales. Las propiedades emergentes y la cuestión del reduccionismo. Algunos programas reduccionistas: sociobiología y memética

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Holismo frente a individualismo.

Puede decirse que la historia misma de las ciencias sociales lleva inscrita en ella la polémica entre holismo e individualismo. Es de tal calado la discusión que, sin duda, se puede reescribir la historia de las ciencias sociales a la luz de esta polémica, y hay quienes lo han hecho. Sin embargo, como hace Martin Hollis en su Filosofía de las ciencias sociales, para situar el tema basta con citar a dos pensadores del siglo XIX que, matizadamente, podríamos considerar como representantes de los dos polos de la polémica.

Así, por ejemplo, Marx declaraba con términos que resumen la opción holista: “No es la conciencia de los hombres la que determina su ser social, por el contrario es el ser social el que determina la conciencia”. La teoría holista tiende a presentar la sociedad como una totalidad que consiste en "algo mas" que la mera suma de sus partes integrantes, o de los individuos que la componen. El holismo sostiene que la interacción social genera propiedades y fenómenos que son irreducibles a fenómenos individuales (o a cualquier otra instancia presocial). Desde la orilla del individualismo vale la pena recordar las palabras de Mill en A System of Logic “Las leyes de los fenómenos sociales no son y no pueden ser sino las acciones y las pasiones de los seres humanos ... Los seres humanos en sociedad no tienen otras propiedades que las derivadas de y resumidas en las leyes de la naturaleza humana individua .. Los hombres cuando se agrupan no se convierten en otro tipo de sustancia con propiedades diferentes”. En todo caso debemos precisar que se trata de una opción metodológica sobre el tipo de unidades que debemos considerar para construir la teoría social y no tiene que ver exactamente con la responsabilidad que pueda caber a los individuos por las acciones que realizan o por los proyectos que diseñan. La teoría individualista afirma que las únicas entidades reales y eficaces en la vida social son los individuos, todos los fenómenos sociales pueden reducirse en última instancia a fenómenos referentes a individuos, propiedades de individuos (tales como creencias, deseos, otros estados mentales o acciones) o relaciones entre individuos: ésta es la definición del individualismo metodológico que da Elster (1982). Dicho de otro modo, cualquier explicación sociológica, para ser inteligible, debe poder ser "reducida" o entendida en términos de esos tres tipos de entes, y únicamente de ellos.
Hay quienes, como por ejemplo Jon Elster en Making Sense of Marx, discuten que la posición metodológica de Marx se pueda caracterizar sencillamente como holista y, por el contrario, ven en él un antecedente claro del individualismo metodológico. Aunque Marx no era -ni se consideraba a sí mismo- un individualista metodológico, su talante antidogmático y antimetafísico facilitó que gran parte de su labor pueda ser reformulable en términos consistentes con el individualismo metodológico, así ocurre con las teorías de la explotación, la lucha de clases, la ideología,la innovación tecnológica o la dinámica económica de capitalismo; sin embargo, la incorporación de algunas ideas hegelianas como la dialéctica o la filosofía de la historia lastró su perspectiva en un sentido holista (inadaptable al individualismo metodológico), puede percibirse en su teoría de la historia, en la teoría del valor-trabajo, en la concepción de las relaciones entre superestructuras y base económico o en la idea de que existen "contradicciones dialécticas" en la realidad. La revitalización del individualismo metodológico, especial­mente por parte de J. Elster y de J. Roemer, va unida a la intención explícita de recuperar algunos de los principios básicos de la sociología de la acción como es el de que el cambio social debe ser analizado como resultado de un conjunto de acciones individuales. Definción de Elster suprimida.
Evidentemente se trata de un cierto tipo de reduccionismo, adoptado conscientemente, no tanto como un fin en sí mismo, sino como resultado de la búsqueda de mecanismos causales explicativos que eviten interpretaciones espúreas. Por supuesto, la adopción del individualismo metodológico por estos autores, no es una posición ingenua que no tenga en cuenta la intensa discusión de otras épocas entre el individualismo y el holismo metodológico que constituyó uno de los tópicos centrales en filosofía de la ciencia social. Sin embargo, como voy a indicar, la posición es muy matizada, pero recordaré también que a pesar de que desde el holismo se han hecho algunas correcciones, llegan­dose a hablar, v.g. de "holismo concesivo" (Susan James en 1984) , a pesar de todo entre este "holismo concesivo" y el individualismo metodológico no ingenuo continúan existiendo diferencias fundamentales de perspectiva con respecto a la explicación en ciencia social.

Será conveniente señalar algunas de las matizaciones que hace Elster en su propuesta individualista metodológica para defenderse de discusiones y críticas anteriores.

En primer lugar, la posición no presupone ni la racionalidad ni la acción exclusivamente egoista. Sólo hay una cierta presun­ción de estos rasgos comportamentales desde el punto de vista metodológico, pero no hace referencia a rasgos de la naturaleza humana, esto significa que si una acción puede explicarse racionalmente será más fuerte que la que se consigue apoyandose en la irracionalidad. El individualismo metodológico es compatible con cualquier supuesto motivacional, no prejuzga necesariamente los contenidos concretos de las preferencias de los individuos o de sus acciones. El individualismo metodológico, por tanto, va en sinergia con las tesis de la explicación funcional, y es un punto importante en la concepción de la teoría de roles.

Un segundo aspecto es que el individualismo metodológico se sostiene sólo en contextos extensionales. Cuando una entidad agregada aparece en un contexto intensional no es reductible a nivel inferior, v.g.: la gente puede tener creencias sobre entidades "supraindividuales" que no serían reductibles a creencias sobre individuos. Así v.g. Elster cita el caso " los capitalistas temen a la clase obrera" que no podría reducirse a enunciados sobre los sentimientos de los capitalistas sobre trabajadores individuales. Por contra, digo yo, " El beneficio capitalista es el resultado de la explotación a la que está sometida la clase obrera" deberíamos intentar reducirlo a un enunciado complejo que mostrara los mecanismos como trabajadores individuales son explotados en el sistema fabril por los capita­listas.

En tercer lugar debemos tener en cuenta que en la descripción precisa de un individuo pueden incorporarse referencias esenciales a otros, pues muchas de sus características(v.g., ser explotado, ser poderoso) son inherentemente relacionales.

Elster señala además una cuarta cautela : La posibilidad de la reducción no debe cegarnos ante los peligros de los reduccionismos prematuros. Así muchos intentos de explicar fenómenos sociales complejos en términos de motivaciones, creencias individuales y procesos cognitivos individuales produce con frecuencia explicaciones arbitraria, estériles cuando no llegan por otros caminos a la ingenuidad del que quería que el análisis de la sopa supiese a sopa. Elster mismo ha estudiado tales dificultades en el problema de la busqueda de microfundamentos para la acción colectiva. Su posición es que cuando en esos casos puede parecer conveniente mantener las explicaciones tipo caja negra (es decir, aquel modelo explicativo del hombre como un simple receptor de estímulos y emisor de respuestas, sin consideración de los estados intermedios - mentales - entre unos y otras), no debemos olvidar que eso es a falta de otra explicación mejor. En tal sentido el holismo metodológico puede ser una necesidad temporal, pero nunca un desideratum.

Individualismo metodológico e individualismo normativo.

Quizá valga la pena señalar,aunque sin discutirlo, que el individualismo metodológico no hace referencia a como deban evaluarse los fenómenos sociales, sino a como deberíamos intentar explicarlos. Esto es tanto como decir que debemos mantener clara la diferencia entre individualismo ético e individualismo metodológico. Pero se debe observar que en Marx resulta más consistente la adopción del individualismo ético(la principal atracción del comunismo es que hará posible la completa realiza­ción de los individuos en libertad) que la explicación de los procesos que conducen a la etapa comunista en términos de las acciones de los individuos.
En todo caso, si uno pretendiera identificar los compromisos metodológicos de Marx, sin duda puede encontrar apoyo textual principalmente para el rechazo del individualismo metodológico y para adoptar, a la vez, el patrón de explicación funcional.

Por ejemplo, puede leerse en los Grundrisse

"La competencia expresa meramente como real, manifiesta(aparece) como una necesidad externa, lo que se oculta en la naturaleza del capital; la competencia no es sino la forma en la que muchos capitales imponen las determinaciones inherentes al capital unos sobre otros y sobre ellos mismos"(p.651).
Sin embargo, si se trata de muestras textuales habría que señalar que no siempre es consistente Marx con esos pronuncia­mientos, y en los mismos Grundrisse aparecen apoyaturas para otras versiones, que Elster ha señalado con precisión, pero que de pasada podría decir que también significaron un punto de apoyo para la teorización de Toni Negri sobre lo que denominaba Marx la pequeña circulación del capital, en el sentido de un apoyo a la "autonomía obrera" . Uno de los textos utilizados para ambos propósitos dice así:

"La restricción relativa sobre la esfera de consumo de los trabajadores les da, como consumidores, una importancia ente­ramente diferente que la de agentes de la producción, dife­renciandoles de aquella que tenían en la antigüedad o en la edad media" (p.283).
Esta tensión holismo-individualismo esta latente en todo proyecto utópico-emancipatorio

Interesa señalar que ciertos compromisos o posicionamientos básicos en filosofía de la ciencia, ciertas perspectivas metodológicas, pueden dificultar y otras pueden estimular el uso de instrumentos y técnicas de investigación que pueden no ser secundarias en la construcción de teorías sociales. Este es un tema que no corresponde desarrollar aquí, pero es conveniente indicar observar como la teoría de la decisión racional, la elección social y la teoría de juegos, lo que se ha llamado el marxismo de la elección racional por J. Roemer, junto a los estudios de psicólogos como Tversky o Kahneman, para precisar las cuestiones de la racionalidad imperfecta, podrían muy bien servir para discutir en que sentido es el ser social el que determina la conciencia al elaborar el tema de la determinación social y causal de las preferencias. Ese es un tema que me parece de mucho interés, por ejemplo para el estudio de los procesos de transición, y las estrategias de la acción social.
Ahora bien, sin hacer excesivas digresiones históricas para lo que se recomiendan lecturas complementarias, podemos acercarnos al problema en sus términos más o menos actuales utilizando los términos de Amartya Sen para una defensa de una versión contemporánea del individualismo:

"Somos diversos, pero lo somos de maneras diferentes. Un cierto tipo de variación se relaciona con las diferencias que hay entre nuestros fines y objetivos. Las implicaciones éticas y políticas de esta diversidad las entendemos ahora mejor que antes como resultado de los potentes trabajos de Rawls sobre la justicia como equidad. Pero hay otra diversidad importante -las variaciones en nuestra aptitud para convertir recursos en libertades concretas. Variaciones que hacen referencia al sexo, a la edad,a la dotación genética, y a muchos otros rasgos que nos dan potencia desigual para construir nuestra libertad en nuestras vidas, aunque tengamos la misma dotación de bienes primarios".

A partir de esta orientación me parece posible defender cierto refinamiento de la noción de individualismo metodológico. Una posibilidad que surge ahora desde la consideración del individualismo ético; en último término, la valoración de la responsabilidad individual fortalece nuestra concepción del individualismo metodológico. No se trata de que uno de los términos implique el otro, ni mucho menos. Pero, así como se sostiene a veces un individualismo metodológico bastante radical considerando, por ejemplo, que "el comportamiento egoísta es simplemente una consideración metódica", es importante darse cuenta de que con ello no se nos dice sólo que el individuo es el sujeto de deseos, creencias y decisiones sino que se le añade cierta caracterización que se corresponde más con unas nociones éticas bien específicas. En particular se incorporan nociones heredadas y bien establecidas del utilitarismo moral que han influido de manera especial sobre la ciencia económica y desde ella vuelven al análisis moral. No sólo se ha producido la extensión imperial de la ciencia económica hacia la ética sino que se trata de expandir al individualismo posesivo como acompañante suyo. Se plantea, en esas propuestas, la exigencia de que el individuo en tanto que elemento moral asuma los valores conformados de manera dominante por alguna que otra escuela de pensamiento económico o por alguna norma social.

Cabe pensar en un refinamiento del individualismo metodológico que recoja su inspiración de otra dirección del pensamiento ético, una orientación atenta a los diferentes rasgos individuales a la hora de realizar una apreciación ética y atenta a la autonomía del inviduo como agente moral. A partir de ese individualismo, ahora ya claramente ético, con alta complejidad formal, complejidad que es sin duda la manera peculiar de presentarse el "contenido", la vieja discusión sobre el formalismo moral o el sustantivismo moral puede ser planteada desde otra óptica. "O se legisla para todo hombre o sencillamente no hay ética posible (...) Puesto que si el uso moral de la palabra "bueno" nos implica del modo inexcusable que hemos visto, o aceptamos autodeterminarnos -de suerte que cada hombre sea un legislador- o toda legislación ética se tornaría, como antes, imposible" (Javier Muguerza, Desde la perplejidad, págs. 183-185).

Que los límites de nuestra acción racional señalan límites a la forma que puede adoptar nuestra propia valoración moral, es desde luego un elemento que ha sido suficientemente señalado sobre todo por lo que respecta a los productos esencialmente laterales de nuestra acción; la cuestión reside en que si nuestra evaluación moral pretende sustentarse en alguna noción de utilidad como satisfacción de nuestros deseos, la ausencia de un curso óptimo de acción no sólo rompe la racionalidad de la acción sino nuestra misma caracterización ética. Pero no podemos aceptar la simpleza, a veces pretendida por algún tipo de decisionismo moral, de que cuando no se puede discutir racionalmente sobre algo es ahí donde aparece el espacio de la ética, puesto que más bien se trata de lo contrario. Cuando no hay condiciones para proceder a la discusión racional no es fácil ver donde se sitúa el comportamiento ético, es una situación pre-ética; la ética es necesaria para orientarnos en momentos en los que no basta con los elementos de racionalidad mínima que podemos aplicar a nuestro modelo de acción racional según el modelo de la elección racional. Con frecuencia ese papel lo adopta la ética por razón del oficio de filtro informativo que juegan los principios éticos. Filtros informativos que pueden servir para indicar el grado de satisfacción de un objetivo en lugar de pretender conseguir un inencontrable curso óptimo de acción y, para actuar como mecanismo cuasi causal que determine la elección entre varios cursos posibles racionales de la acción. Además, las propuestas éticas pueden servir con frecuencia para resolver los problemas de la recogida de información y para "justificar" por qué hay cierto tipo de información que no recogemos. (Recogemos la evidencia necesaria para confirmar nuestras creencias y para avanzar en nuestras aspiraciones).

Posiblemente una reconsideración más sofísticada del individualismo metodológico podrá presentarse precisamente a condición de que seamos capaces de refinar nuestra noción de individualismo ético, pero, con ello, nos diferenciaríamos de quienes piensan que es el lenguaje moral el que produce la exigencia de la universalizabilidad porque esto mismo no sería sino una consecuencia fáctica resultante de eliminar todo lo referente al individuo. La opción del individualismo ético, al introducir las exigencias en último término del propio individuo, puede significar no un yo universal o universalizable en cuanto contenidos concretos sino en cuanto aspectos formales y mínimos de exigencias. El individuo formal abstracto no tiene porqué ser un individuo plano y romo obligado a considerar una exclusiva relación de preferencia, sino que puede tener una familia de preferencias entre las cuales puede contar algo como su libertad. Es decir, la complejidad de la consideración de los individuos se produce encontrando nuevos estratos pero también ampliando el campo de lo abordable y asignando otro tipo de funciones de valoración. La aportación del individualismo ético no consecuencialista produce un punto de vista sobre lo social que añade elementos sobre lo que ha de significar el bien para el individuo como elemento en la definición del bien social, y me parece que en buena medida las contribuciones de A. Sen pueden ayudar a tal reflexión, aunque no esté claro que Sen mismo trate de apoyar esta salida. Los elementos que plantea sobre las capacidades potenciales de los individuos y los procedimientos para la evaluación del propio resultado de la acción del yo pueden ser altamente significativos. Pero, además, debemos tener en cuenta que nuestra misma definición como racionales es producida por el hecho moral. "Para un representante del mejor liberalismo, como Kant, el último sentido de la libertad y la igualdad- esto es, de la exigencia de que los seres humanos sean libres e iguales - radicaba ni más ni menos que en nuestra condición de seres racionales" (Desde la perplejidad, pág. 181). Pues bien, en la interpretación que vamos a defender, es posible que la consciencia sobre como plantear nuestra propia racionalidad nos haga menos orgullosos sobre nuestra propia capacidad de alcanzar la bondad. Pero al mismo tiempo quizá nos permita una caracterización más adecuada de la acción justa, digamos que no sólo amplía las libertades negativas sino que incorpora las libertades positivas.

El individuo como resultado de un compromiso social


No es infrecuente en la literatura filosófica, y casi un lugar común en la sociológica, la consideración de procedimientos fijos y "rígidos" que aparecen como fruto de las relaciones sociales, ya sea en forma de normas sociales, en forma de reglas procedimentales, o como hábitos cuya "racionalidad" debe entenderse como cierta expansión de la racionalidad instrumental, que solamente analiza los medios más adecuados para la prosecución del fin deseado. Proponemos que además de esos componentes de la interacción, o del contexto de interacción, sería bueno extraer las consecuencias de entender al individuo mismo como una construcción social.(Un debate muy activo y fecundo sobre las categorías biológicas y las construcciones sociales en los estudios de "género" y teoría(s) queer).

El individuo puede entenderse como resultado de un compromiso social (Sen, A., 1987) que produce agentes caracterizados por una particular expresión de sí mismos, por su autonomía y por su capacidad de ser sujetos agentes de una conducta reflexiva. A esos individuos les importa expresar en la acción una personal aceptación del acuerdo consigo mismos. Atender a este ámbito de la acción, que se correspondería con la racionalidad expresiva, constituye otro paso más en la dirección de conformar aquel individuo complejo que, como propuesta metodológica, tenemos que suponer para el análisis de la acción social. Esta trama es la mínima indispensable para reformular hoy la tradicional noción de individualismo metodológico, noción que a pesar de todos los avatares me parece aún fructifera para el análisis social.

En alguna ocasión A. Hirschman ha recordado que la teoría económica estándar ha presupuesto a unos individuos deseantes, aislados y no comunicados entre sí, que resultan claramente insuficientes para analizar la acción. Los imbéciles racionales descritos por A. Sen y que ya hemos recordado, nos parece que son particularmente tontos porque no consiguen incorporar en su acción los elementos informativos que surgen y aparecen en la propia interacción; esto es tanto como decir que no conseguimos dar cuenta ni de la endogeneidad de las preferencias, ni del componente que refleja el carácter histórico social de esas preferencias y mucho menos de estructuras de preferencias que superen un primer nivel de ordenación lineal consistente. (Las teorías neurales de Edelman podrían indicar aspectos significativos para avanzar en este planteamiento, porque los modelos correspondientes a este sujeto de la racionalidad instrumental ya no requiere siquiera ser modelado por la psicología behaviorista, sino por algunos modelos simples de autómatas en entornos finitos).

En diversas situaciones de interacción intencional entre agentes intencionales, que es precisamente el ámbito específico de la teoría de la elección racional que se pretende cubrir desde la teoría de los juegos de estrategia, nos encontramos con que la interacción, el juego, tiene múltiples equilibrios que podrían ser aceptados como posibles soluciones; es decir que hay casos en los que la solución es múltiple, no existe unicidad. A veces, ante los múltiples equilibrios, las soluciones que se proponen desde el análisis formal de los juegos se construyen mediante una combinación lineal de los diversos puntos de equilibrio. Pero en este caso, si los individuos que interactúan alcanzan la solución, habría que suponerles algún mecanismo biológico oculto que conduce a ese punto de convergencia o dotarles de alguna extraña capacidad matemática para precisar la combinación lineal productora del óptimo.

Acción y estructura: La “objetividad” de los hechos sociales


En cierta medida nos encontraríamos ante una situación similar a la del biólogo que estudia la arquitectónica de los panales de abeja, que efectivamente corresponden a la mejor distribución óptima de un máximo de volumen con un mínimo de superficie: o bien aceptamos un gen de la sociabilidad que nos orienta a la solución cooperativa correcta, pero que no daría cuenta de la diversidad de soluciones históricas para el problema de la cooperación, o por el contrario nos planteamos en serio el tema de los procedimientos, los procesos, adoptando una posición superadora de la distinción acción/estructura , considerando que la estructura no sólo limita y constriñe la acción sino que permite la acción. Por tanto la estructura no es ajena a los individuos sino que se revela en las acciones de los individuos. Los individuos siguen procedimientos no instrumentales y esa es la forma en la que la estructura viene implicada en la acción.

Por este camino nos acercamos a algunas de las correcciones actuales al pensamiento económico, por ejemplo a la propuesta por Shaun Hargreaves Heap vinculada a la teoría de la estructuración de A. Giddens, que, como se sabe, trata de disolver el dualismo acción/estructura. Esta línea es cercana también a lo que un economista como F. Hahn (1987) ha planteado en "Information, Dynamics and Equilibrium" sobre el indispensable componente histórico del propio análisis económico.
Al analizar las diversas salidas que se proponen para comprender las interacciones del tipo de las cubiertas por el dilema del prisionero, que obviamente están relacionadas con ciertas cuestiones de la lógica de la acción colectiva (M. Olson) y muy vinculadas, en particular, al análisis de los temas de la conducta del votante, aparecen dos grupos de propuestas de solución: unas internas a la propia teoría de juegos y otras que tienen que ver con la misma ampliación de la noción de racionalidad instrumental. Las soluciones internas que se han propuesto resultan muy simples y, por así decirlo, ahistóricas y asociales.

Una primera salida propone cambios en las estructuras de las preferencias, convirtiendo el juego del dilema en un juego de seguridad en el cual nuestro primer objetivo es la cooperación mutua; para conseguirlo hay que proponer algún agente externo que nos fuerce a mantener esa estructura de preferencias, por ejemplo mediante un poderoso castigo para el que no colabor propone un juego iterado del prisionero, es decir se repite el juego una y otra vez y con ello parece que la solución óptima podría darse mediante un primer paso consistente en una actitud cooperativa y posteriormente responder siempre de igual manera a como lo haga el oponente, es decir golpe por golpe, tit-for-tat, tal como ha propuesto R. Axelrod en La evolución de la cooperación, donde estudia el caso de la guerra de trincheras durante la Primera Guerra Mundial. En aquella situación se producían efectos de transformación de las preferencias entre grupos fijos de soldados que tenían que permanecer largo tiempo enfrentándose, se generaban formas de cooperación que creaban problemas serios al alto mando de ambos ejercitos, pues durante días y días no se producían ataques salvo de manera muy esporádica, casi simbólica, y se podía hacer una vida "bastante normal", por ejemplo, no se atacaba durante las horas de comida o en los momentos de aprovisionamiento

La cuestión está en que no se trata de que existan agentes del enemigo entre las propias filas sino que la acción cooperativa puede ser el resultado de un proceso no explícito de negociación; debido a un incremento de la información resultado de la interacción la acción colectiva aparece como génesis interna al proceso de cooperación. Pero aún así la explicación desde el interior de la teoría de juegos es un tanto débil; se destruye la cooperación teniendo en cuenta que en cualquier caso estaremos ante un número finito de interacciones (limitaciones temporales, físicas) y, por tanto, en la última de las interacciones se genera de nuevo la temida forma del dilema del prisionero y, por tanto, mediante un proceso que podemos llamar de inducción hacia el origen o hacia atrás (backward induction), nos encontraríamos con que la primera situación también sigue siendo la del dilema. Si nos planteamos estudiar lo que podríamos llamar el proceso de equilibración y no el punto de equilibrio, es decir, si pasásemos de un planteamiento estático de la teoría de juegos ( que técnicamente suele aparecer reflejada en las llamadas presentaciones matriciales o canónicas de los juegos) a una consideración dinámica (esta aparece mejor en las presentaciones de los juegos en forma de diagrama de arbol), podríamos pensar en que el proceso mismo de interacción se da en un marco de interacción (contextualización dinámica) que es generador de información. De esta forma podríamos pensar en estrategias evolucionarias estables o procesos de tipo similar, que, sin considerar a los individuos dotados de un especial sentido matemático que les permita adelantar la solución, sin embargo, consiga dar cuenta de muchos procesos concretos en los que la acción social se produce y con resultados aparentemente beneficiosos. Así, por tanto, el tema de los juegos en forma extensa, dinámica, no matricial, nos ofrece un campo posible para la reflexión. Precisamente por esta vía me parece vislumbrar una conexión entre la argumentación, la toma de decisión y la retórica, que incluiría explícitamente el uso estratégico de argumentos.

La génesis de la información en el proceso mismo de equilibración, no refleja sólo la información que presuponemos alcanzar al final con el equilibrio conseguido, sino que se trata de una introducción o flujo persistente de información procedente de las constricciones que establece la estructura contextual (la situación en la que se da la acción -algo no muy alejado del Popper de las ciencias sociales, en su precisión sobre el individualismo metodológico-). Esa información me parece relevante para la discusión sobre la conformación de las creencias, para el ajuste relacional y, en definitiva, para aceptar en serio y extraer las consecuencias de que no somos átomos sociales sino personas, individuos cuya definición puede requerir la refencia esencial a otros, es decir, que requerimos cuando menos de una lógica de relaciones para precisar a ese individuo; en definitiva somos personas y no solo máscaras de una relación. En este proceso, que ahora podríamos denominar de comunicación, se está conformando un nuevo componente informativo que no se puede plantear como una simple recogida de información libre de costos, ni que se pueda perseguir indefinidamente, situación que nos llevaría a la paradoja de no tomar la decisión porque siempre parecería relevante esperar por nueva información; por tanto, se plantea como una necesidad casi formal la presencia de filtros informativos (utilizando la terminología acuñada por A. Sen para los enunciados sobre cuestiones de justicia).

En el contexto de la teoría neobayesiana de la decisión, es bien conocido que previamente a tomar una decisión informada la utilidad esperada es siempre al menos igual a la de tomar una decisión no informada, y aquella utilidad de la decisión informada es estrictamente mayor a la de tal decisión no informada si hay alguna probabilidad de que la información pueda afectar a nuestra decisión (resultado de los años cincuenta al que había llegado Ramsey treinta años antes, curiosidad histórica que documentada recientemente por Skyrms y N.E. Sahlin). Dado este "valor del conocimiento" y, en ausencia de algún expediente dinámico "realista" que incorpore los costes de la información, tendríamos que suspender la decisión pues aparece una falacia de composición al suponer que podemos justificar una estrategia de retroalimentación informativa, si siempre tuviesemos información disponible libre de costes y pudiesemos retrasar la decisión nunca podríamos tomarla pues estaríamos a la espera de obtener algún nuevo tipo de información. La formulación clásica del diálogo que queda abierto a la discusión y en el que siempre se sigue a la espera de nuevas e inesperadas informaciones, resulta coherente porque no hay limitaciones de tiempo, pero toda pretensión de obtener una solución sería falaz.

Sin embargo, si lo que pretendemos es analizar un tipo de argumentación con la que se pretende hacer plausible cierta opción de conocimiento debemos reconocer algo cognitivamente inevitable: partimos de la aceptación de cierto estado de conocimiento y de la configuración de un determinados modelo de agente argumentador, a partir de ahí y utilizando procedimientos argumentativos disponibles en la configuración del agente, se van aceptando determinadas conclusiones que se incorporan al conocimiento compartido y que en algún caso deben pasar por el test del modelo del agente.

Se trata de pensar en situaciones en las que no se puede prescindir, al menos como punto de referencia último, del individuo como soporte de esos procesos cognitivos; si esto suena a relativismo o a lo que se ha llamado escepticismo irracionalista de Hume al tratar el tema de la inducción, sólo nos cabe decir que se trata de incorporar a todo individuo sea individuo animal, humano o computador, y que en todos los casos se trata de un inevitable parámetro que sustenta el proceso cognitivo y que es fundamental si queremos pensar en los errores y en lo inesperado. Estamos hablando pues de individualismo cognitivo, aunque pueda ser en muchos casos un elemento repetible que corresponda a diversos tipos y que tenga componentes de aprendizaje social.

No buscar la optimización de los procesos sino analizar su dinámica particular exige superar una noción formalista de la argumentación e incorporar la consideración pragmática.

Siempre que se habla de explicación o de argumentación el concepto epistemológico central parece ser el de verdad. Hay conceptos interesantes que pueden ser tratados sin referencia a la noción de verdad ni a la de falsedad. Como ha dicho Gärdenfors:

"Mi omisión de la verdad puede sentirla como herética el epistemólogo tradicional. Sin embargo uno de mis objetivos es mostrar que muchos problemas epistemológicos pueden ser abordados sin utilizar las nociones de verdad y falsedad".

No siempre debemos pensar que el individuo toma una decisión de acuerdo con el conocimiento completo y por tanto con una total transparencia. Como en varias ocasiones ha dicho I. Levi, debemos analizar situaciones en las que se produce una decisión sin haber resuelto todos los conflictos entre valores éticos, estéticos,cognitivos. Nos parece que buena parte de los problemas que aparecen en los teoremas de imposibilidad de Arrow estudiados en la teoría de la elección social, pueden ser señalados de otra manera como momentos de la toma de decisión bajo situaciones de conflicto.

Un caso claro de elección con conflicto irresuelto es el de las situaciones de incertidumbre y un caso elemental de incertidumbre se da en aquellos casos donde con frecuencia decimos que aplicamos el razonamiento inductivo; justamente es una toma de decisión en situacion de conflicto, allí nuestra escala de valores puede no tener conflicto pero es la misma imposibilidad de asignación de probabilidad lo que hace ofrecer una salida en términos de la vieja escuela de argumentación retórica, se trata de apostar por determinadas salidas y en algunos casos pensar en que lo mas racional es precisamente no caer en la hiperracionalidad, sino suponer simplemente que hay que tomar una decisión.

Pero aquí sólo se trataba de comentar algunas propuestas recientes, algunas salidas al tema de la inducción y, sobre todo, mostrar que hay más conexiones de las aparentes entre el estudio de los modelos de individuos que adoptan las ciencias sociales y los modelos de agente necesarios para una adecuada reflexión sobre los estados cognitivos y la argumentación. Cuando algunos dicen que las ciencias sociales son una forma de narrativa o cierta forma de retórica, puede que de manera no intencional estén apuntando a un problema bastante más profundo del que suponen, situado ya en el terreno mismo de la argumentación. Seguramente la cuestión tiene mucho que ver con lo que podemos estar dispuestos a denominar argumentación racional.

El problema central de la inducción es, para nosotros, cómo al añadir cierta nueva información a nuestro cuerpo de conocimiento nos comprometemos a evaluar nuestras opciones cognitivas (nuestras propuestas hipotéticas) con respecto a dos desiderata (seguimos aquí a I. Levi) : a) en qué medida esas opciones fomentan la adquisición de nueva información y B) hasta que punto evitan el error. En la inducción se incurre en el riesgo de error; en el esfuerzo por expandir el conocimiento el investigador debe preocuparse por obtener nueva información libre de error, es decir tendrá que evaluar sus opciones cognitivas de manera tal que representen un acuerdo entre el desideratum de evitar el error y el de obtener nueva información. Se trata de un principio general que impone ligaduras o constricciones sobre la manera que las opciones deben ser evaluadas en un cierto tipo de situación (Levi,I., 1992: 31).

Destaquemos que es precisamente en el ámbito de la inducción donde aparece con frecuencia la relevancia de los valores éticos, políticos y personales de los científicos a la hora de realizar su ciencia. Es frecuente suponer que al no tener argumentos concluyentes así la tarea de la ciencia se presenta como una actividad social guiada por valores extracientíficos. Pues bien, opino que es precisamente el reconocimiento de la existencia de valores cognitivos concretos lo que asegura la existencia de auténticos conflictos morales, políticos, cuando se trata de hacer ciencia.

El reconocimiento de las capacidades limitadas de los humanos para procesar información fue uno de los motivos principales que llevó a Herbert Simon hace ya cincuenta años a intentar proponer una noción de racionalidad que pudiera aplicarse con alguna pretensión de realismo a la conducta de los seres humanos. Es importante observar que Simon era un claro defensor de la teoría de la utilidad y que por tanto insistía en que los humanos eran esencialmente procesadores de información. Pero precisamente por ello, por sus capacidades limitadas de procesamiento de información, la racionalidad debe ser siempre limitada, en sus términos bounded rationality, racionalidad acotada.

Ahora bien por la misma razón plantearse que el ser humano maximiza la utilidad es una exigencia inalcanzable. No podemos esperar sino que adoptemos cursos de acción que, a la vista de nuestra información, juzguemos como suficientemente buenas. , es decir satisfacen un criterio no lo maximizan. Sin duda se trata de una propuesta contra concepciones poco realista de conducta maximizadora.

Las propiedades emergentes y la cuestión del reduccionismo

Para comprender el carácter reflexivo de la modernidad resulta de primera importancia analizar el papel de las ciencias sociales en la conformación de ese mundo social moderno. Con frecuencia se señala el papel de la ciencia natural en la configuración de la mirada moderna. Y, como el mismo Giddens señala, hasta quienes han apoyado una visión interpretativa de la sociología se han fijado sobre todo en las consecuencias tecnológicas de los descubrimientos científicos; sin embargo, debido a como se revisan las prácticas sociales a la luz del conocimiento sobre esas practicas, resulta que el mismo tejido de las instituciones modernas está atravesado por la ciencias sociales y estas son fundamentales para entender la reflexividad de la modernidad considerada en su conjunto.

Desde luego en un sentido trivial no podríamos vivir en una sociedad moderna si fuésemos racionales, necesitamos cierto grado de confianza en el funcionamiento de los sistemas expertos (según A. Giddens, sistemas expertos son sistemas de logros técnicos o experiencia profesional que organizan grandes áreas del entorno donde vivimos. Por ejemplo al subirme en un ascensor supongo que no se caerá, confiando, dado que no puedo verificarlo por mí mismo, en el conocimiento experto aplicado en su construcción, instalación, mantenimiento, etc.), una fiabilidad que actúa como criterio de satisfacción en nuestra toma de decisiones. El ámbito de esa relación de confianza mínima, necesaria para la práctica social, se constituye como el marco de la racionalidad procedimental, o procesual, que nos facilita la acción en forma de normas y acuerdos sociales que no son estrictamente reductibles a la racionalidad instrumental pero que reflejan ese marco de necesidad de confianza y acuerdo. La misma confianza en que los que pierden hoy pueden ganar mañana es una de las bases conformadoras del sistema democrático considerado fundamentalmente como un procedimiento formal aceptable.]

Si nos preocupamos por caracterizar el tipo de sociedades en las que vivimos, y no queremos aceptar una caracterización simple, podemos hablar del proyecto inacabado de la modernidad, incluyendo la herencia ilustrada. Para orientarnos en el interior de ese tipo de sociedad debemos observar que estamos ante un sistema complejo de interrelación en el que resulta manifiesto el papel que tiene la ciencia como control y creación de un medio natural y como acción sobre la misma sociedad, es decir, estamos en una sociedad en la que el control y la acción sistemática que facilita la ciencia social, desde la contabilidad a la psicología, desde el consumo de masas a la psicología del consumo, provoca un impacto enorme sobre la misma acción social que tratamos de comprender.
En ese espacio complejo de la conformación de la modernidad podemos elegir una de las dimensiones de sus componentes y observar como se pueden transformar algunos de los objetivos ilustrados: el control racional y la construcción racional de la sociedad que lleva consigo la expansión de las ciencias sociales y trae como elemento central la reflexión sobre la misma sociedad (posibilidad perversa si se acepta su generalización total). El individuo reflexivo vinculado al proceso de autocomprensión y el desarrollo de las ciencias sociales considerados ambos como elementos centrales de la construcción de la modernidad, pueden servir para analizar la crisis de la racionalidad olímpica. Por ello mismo no resulta extraño que, entre las críticas postmodernas, la crítica epistemológica haya tenido una importancia destacada: la supresión de las grandes narrativas, la imposibilidad de sustentar una noción fuerte de verdad, y hasta la imposible aceptación de un estado fijo de la realidad social junto al rechazo de los grandes proyectos emancipadores, el rechazo de la ingeniería social parcial y cualesquiera proyectos de los reformadores sociales. La estética del postmodernismo nos llama a acogernos en el individualismo posesivo y en el individualismo afectivo (Stone), pero buena parte de sus miradas nos resultan parciales, sesgadas y, sobre todo, que sólo contrabalancean la posición del racionalismo absoluto, del control total y de la superhumanidad robótica. Sin embargo cabe una reflexión desde otro ángulo.

Quizá cierta hibridación entre el modelo racional de la economía y el modelo sociológico de los roles, podría suponer un paso hacia la comprensión de la acción social, y, por ello mismo nos parece que señala la importancia epistémica, no de simple ejemplificación, que han adquirido las conexiones entre ciertas formas de literatura y la reflexión de las ciencias sociales. Algo así se puede traslucir en la siguiente opinión de Martin Hollis: "El género autobiográfico es una evidencia incontrovertible de que el problema (de la relación entre el actor racional y la conformación con el rol) se resuelve en la práctica. Las obras están escritas en voz activa, no en voz pasiva, y están teñidas de la convicción del autor de que importan no sólo las cartas que se tienen sino lo bien que uno las juega".]

Entre las diversas nociones de racionalidad hay una que cual ave Fénix vuelve a encontrar un gran predicamento en la vida social contemporánea: la defendida por el individualismo posesivo, la del individuo egoísta que se presupone en varias formas del individualismo metodológico. Se insiste en presentar a un individuo capaz de decidir, de tener aspiraciones y creencias, pero que está orientado por su interés propio en cada acto, el egoísmo caracteriza cada uno de sus actos. De tal individuo "tonto racional", que retorna ideológicamente en el triunfo irresistible del mercado, es de quien decimos que no muestra una actitud inteligente ya que sólo logra expresar uno de los elementos dinámicos de la modernidad; cuando se ha utilizado como modelo, por ejemplo incluso en el pensamiento marxista, ha supuesto una comprensión limitada, parcial y reductiva de la práctica social, ha vuelto a dejar todo en manos del capital y, al caracterizar la sociedad moderna como capitalismo, ha tratado de hacer buena y general esa caracterización parcial de los individuos. A los individuos se les puede suponer racionales, pero si eso significa que son maximizadores estrictos de sus propias preferencias y con ello no pueden intervenir en múltiples decisiones, que conforman la profundidad racional de la modernidad, en definitiva les estamos impidiendo incorporar su última decisión de decir "no" en el momento mismo en que se enfrenten a su decisión. Su decisión puede ser la de dudar en el último momento, su derecho debe incorporar la opción de comportarse con "manos temblorosas" en la decisión social, su derecho incluye la posibilidad de ser autónomos e independientes. Todas estas posibilidades son las que ofrece la modernidad al establecer la reflexividad como elemento central de un nuevo sistema social. Una interesante realización empírica a pesar de todas las imperfecciones, y hasta por ellas, es la democracia política que parece ser un juego que requiere jugadores algo más complejos y bastante más diversos que los "rational fools" de la teoría económica estándar.

Ahi se produjeron dos tendencias que ya estaban en marcha sobre la utilidad máxima, uno es la corriente digamos experimental o empírica, que trataba de mostrar la inadecuación de ese modelo y la necesidad de reformularlo por una doble vía, una más interna digamos perfeccionando los modelos en su complejidad interna y otra que suponía de hecho una ruptura más radical (al menos así parecía en aquellos momentos) y que se asocia con la ciencia de la administración y de la organización y que viene a ser el camino desarrollado por la teoría del individuo racional acotado. Otra línea es la que podríamos llamar racionalidad psicológica que trataba de estudiar los procesos complejos de decisión que suponía adoptaba el individuo de acuerdo con su arquitectura cognitiva y emocional.

Se trataba principalmente de hacer más complejos a los individuos que realizaban la decisión pero se avanzaba también en el estudio del entorno, ya fuese institucional ya fuera no organizado, en el cual se daba la acción. Uno de los caminos seguidos por esta vía ha conducido al desarrollo de la teoría de los juegos evolutivos.

Otra línea que ha terminado por tener una enorme importancia en este asunto ha sido el camino de la simulación y los estudios de inteligencia artificial (IA), combinados con resultados procedentes del estudio de las ciencias cognitivas. Considero que alguna sistematización de lo que se hace desde las ciencias de la computación nos podría ayudar a comprender mejor parte de los debates que se han originado en el seno de la teoría de juegos en relación con las propiedades de los agentes que intervenían en la decisión, y, sobre todo, puede servinos de guión o estructura para la revisión de la filosofía de la ciencia.
Vemos así pues una serie de líneas de trabajo que confluyen y que me parecen importantes para la filosofía de la ciencia

La modelización al acercarse al dominio de la simulación social esta produciendo ya resultados muy llamativos en la relaciónes entre lo micro y lo macro. Incluso hay quienes esperan (quizás con demasiado optimismo) que “así se podrá resolver el problema teórico de los fundamentos de las ciencias sociales, a saber, la posibilidad de formas emergentes no planificadas e inconscientes de cooperación, organización y comprensión entre agentes intencionales que planifican”. Aparece así una antigua cuestión en ciencias sociales, el problema del orden social espontáneo y las funciones sociales. En definitiva, creo que vale la pena comentarlo un poco, se trata del mismo asunto que preocupaba a Adam Smith y para lo que propuso un mecanismo que me parece importantísimo revisar: la mano invisible.

Algunos programas reduccionistas: la sociobiología y la memética

El objetivo explicativo de la memética es la cultura y parte de la afirmación de que la cultura está constituida por memes. Ahora bien, es muy claro que hay una enorme discusión sobre la misma noción de cultura al menos tanto como la hay sobre el concepto de meme. En cierta forma, como ha dicho Dan Sperber, si uno toma el concepto de meme simplemente como un elemento de cultura que puede ser transmitido por medios no genéticos, entonces decir que la cultura está constituida por memes no es decir mucho más que un idea corriente en antropología: la cultura es aquello que se transmite entre los grupos humanos por medios no genéticos. Quizás por esto mismo uno de estos proyectos “reduccionistas” como es el memético merecería una discusión atenta por las nuevas generaciones de antropólogos.

Hace unos treinta años la discusión se producía en relación con la sociobiología, y la discusión entre antropólogos y sociobiólogos formaron parte de la literatura de la época. Por ejemplo, el trabajo de M. Sahlins en discusión con la sociobiología pasó a ser un trabajo de referencia en la discusión. Ahora la polémica parece situarse principalmente en el seno de una teoría informacional de la cultura, que es una forma de interpretar la memética.

En todos estos temas aparece una estructura conceptual que se relaciona estrechamente con la mano invisible propuesta por Adam Smith. A pesar de toda su carga histórica se trata de una idea presente en las discusiones contemporáneas y conforma el núcleo de multitud de investigaciones. Desde luego, sea en esa forma smithiana, sea en la propuesta que avanzaba Mandeville en la fábula de las abejas, o en su forma más actual en la propuesta de velo de ignorancia defendida en nuestra época por J. Rawls o incluso representada por la comunidad ideal de diálogo propuesta por J. Habermas, en el fondo se trata siempre de analizar los problemas informacionales, las bases para mantener creencias suficientemente justificadas y cómo comprender la estructura institucional que facilite esos resultados.
Al revisar los elementos empíricos que nos describen esos procesos, actualmente se avanza intentando estudiarlos y simularlos para tratar de mejorarlos y para reproducir. Hace algunos años se avanzaron líneas que tenían que ver con el tratamiento cibernético y la teoría de sistemas, lo que se conectó con la antropología ecológica, hoy se avanza en el desarrollo de los estudios de sistemas multiagentes. Un sistema multiagente es un sistema compuesto de agentes con características variables. No está limitado a un cierto contexto de solución de problemas.

Resulta muy ilustrativo recordar algunas de las formulaciones que han hecho los estudiosos de los sistemas de agentes en el ámbito de las ciencias de la computación, pues nos pueden servir para ordenar los temas y para percibir el núcleo filosófico del asunto de manera rápida. Se percibirá que salvo por cuestiones terminológicas que se relacionan, por ejemplo, con nuestro uso del vocablo intencionalidad, las sugerencias de la clasificación resultan cuando menos llamativas.
Se considera agente a todo aquello que concibe su ambiente mediante sensores y actúa en ese ambiente por medio de efectores. Aunque la definicicón deja abierto el problema de la caja negra que estructura a ese agente, nos interesa simplemente señalar cómo se clasifican los agentes según determinadas características y cómo se conectan para formar sistemas de agentes.

Aunque a veces se confunden, conceptualmente es importante la distinción entre agente y objeto. Los objetos no son autónomos respecto a sus acciones, son pasivos y no pueden tomar decisiones. Otro objeto les envía un mensaje para que realicen algo. En los objetos las decisiones las toma el emisor, en los agentes las decisiones las toma el receptor. Incluso las formas de programación han cambiado de nombre y se habla de programación orientada a objeto u orientada a agentes. No han de verse los agentes como sustitutos de los objetos, los sistemas informáticos basados en agentes nos dan una abstracción mayor que posteriormente puede ser implementada, por ejemplo, mediante sistemas basados en objeto. Resulta cuando menos llamativo que sean más precisos los ingenieros a la hora de clasificar sus elementos de estudio que algunos científicos sociales que al insistir en la objetividad de los hechos sociales, abandonan toda referencia a la intencionalidad y a los valores de sus agentes.

Determinadas características de los agentes conducen a considerar diversos tipos, entre ellos principalmente:

Reactivo o situado: percibe el entorno y responde apropiadamente y en tiempo razonable.
Autónomo: Capaz de actuar sin intervención de elementos externos (tiene cierto grado de control sobre sus propias acciones) y, de esa manera, logra realizar los objetivos para los que fue diseñado.
Deliberativo: mantiene una representación interna del mundo y un estado mental explícito que puede modificar por razonamiento simbólico
Social o comunicativo: puede interactuar y comunicarse con otros agentes, dispone de un lenguaje de comunicación y con capacidad de aprendizaje
Adaptativo con capacidad de aprendizaje, cambia comportamiento apoyándose en experiencia pasada.
Inteligente, a veces se habla de ellos cuando disponen de base de conocimiento interna, su capacidad de razonamiento se apoya en esa base interna, exhiben capacidad de aprendizaje y se adaptan a cambios en el entorno

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Capacidades de los Agentes e interacción.


Podemos encontrarnos con programas de software que realizan tareas de manera independiente en beneficio de un usuario. Les hace falta inteligencia para realizar tareas autónomas e interactuar con el entorno de manera útil. Pero además se habla de sistemas multiagentes (Jennings 1998) : Sistema en el que hay múltiples componentes autónomos, en los que cada agente tiene capacidad para resolver parcialmente el problema, no hay un sistema global de control, los datos no están centralizados y la computación es asíncrona. Pueden diseñarse sistemas coordinados que exhiben relaciones entre los agentes. La más simple es la coordinación centralizada mediante una autoridad central. Los sistemas no coordinados son aquellos en los que los agentes no están relacionados (de hecho no deberían llamarse sistema de agentes sino conjunto de agentes).

Los objetos no son autónomos, no toman decisiones, siempre otro objeto les envía un mensaje, las decisiones las toma el emisor. En agentes la decisión las toma el receptor

Los sistemas informáticos basados en agentes nos dan una abstracción mayor que luego puede implementarse mediante sistemas basados en objeto

Agentes: constituyen la población de las sociedades artificiales. Tienen estados internos y reglas de conducta. Algunos estados vienen fijados por la vida del agente y otros cambian en la interacción con el agente o con el entorno externo. El entorno es un medio separado de los agentes sobre el cual los agentes operan y con el que interactuan. Es el paisaje adaptativo, puede ser una red de comunicaciónn cuya geometría de conexiones puede cambiar con el tiempo.
Comenzamos con una población inicial de agentes-objeto dentro de un entorno de simulación (UN RETÍCULO DE lugares-objeto) y tratamos de estudiar patrones sociales macroscópicos de organización reconocible. El rasgo definitorio de un modelo de sociedad artificial es precisamente que las estructuras sociales fundamentales y la conducta de los grupos emerge de la interacción entre los agentes individuales que operan en entornos artificiales bajo reglas que plantean solamente demandas acotadas sobre la información de cada agente y su capacidad computacional. Vemos crecer las estructuras colectivas de abajo arriba. Damos a los agentes reglas de conducta y vemos como se mueve el sistema en el tiempo y vemos que estructuras macroscópicas sociales emergen. Aquí las clases sociales y los estados no se colocan al inicio.

Claramente estamos ante el desarrollo fuerte del individualismo metodológico, aunque se aleja de su forma tradicional porque las estructuras colectivas, las instituciones, que emergen pueden tener efectos sobre la población de agentes, alterando la conducta de los individuos. La modelización basada en agentes permite estudiar las interacciones entre individuos e instituciones.

Desarrollar un ciencia social más unificada, que incorporé el proceso evolutivo en un entorno computacional que simula la demografía, la transmisión de la cultura, el conflicto, la economía, la enfermedad, la emergencia de grupos, y la coadaptación de agentes con un entorno, todo ello desde abajo arriba. Los modelos del tipo de los de las sociedades artificiales pueden cambiar la manera en que entendemos la explicación en las ciencias sociales ( Axell, pág. 19).
Ciertos conjuntos de microespecificaciones son suficientes para generar macrofenómenos de interés. Fenómenos colectivos que ya han aparecido, buscamos microrreglas que puedan generarlos.

Estamos ante un nuevo tipo de ciencia social.

Este mismo problema es el que creo que puede sernos de enorme utilidad para comprender la axiología de la ciencia, porque el problema que aparece es la génesis de las normas, pero ese es el problema de los agentes.

Veamos un primer paso:

Un modelo que se ha utilizado mucho y se ha desarrollado es el Modelo de alimentos. Sugarscape model. El paisaje está conformado por diversos entornos en los que hay regiones, ricas en azucar unas, otras relativamente empobrecidas. A los agentes les interesa hacerse con esos recursos, comerlos. Los agentes tienen visión, metabolismo y otros rasgos. “mira a tu alrededor hasta donde te permita tu mirada, encuentra el lugar con mayores recursos, ve allí y apropiate de él”. Cada vez que se mueve quema algunos recursos (una cantidad igual a su tasa metabólica) El agente muere cuando ha gastado toda su azucar.

De este modelo han aparecido resultados muy llamativos, el principio ecológico de la capacidad de sustentación, -que un entorno determinado no puede soportar sino una población finita. Si se introducen estaciones, aparecen las migraciones. Hay una distribución de riqueza en esta fase elemental que asemeja la ley de Pareto, de un pequeño grupo que se apropia de la riqueza. La mayoría de los agentes tienen pocos medios. Puede aparecer como un elemento experimental para ver en que sentido esto es o no una ley de la naturaleza. Cambia de acuerdo con los rasgos que suponemos que tienen los agentes y cómo es el medio. Por ejemplo si se cambian las leyes del comercio o de la herencia, podemos percibir cambios interesantes en nuestros modelos.. Redes sociales de vecindad, conexión social.

Es posible que la cuesti'on se encuentre determinada por dos polos dispares, trat'andose del cient'ifico y el filos'ofico respectivamente, dando lugar a la reducci'on de una ciencia emp'irica precisa a otra semejante siendo la soluci'on unicamente cient'ifica. La cuesti'on filos'ofica se considerar'ia universal aunque tendr'an cabida las diferentes corrientes de opini'on pero el analis'is cient'ifico lo proyectar'a con el timpo m'as y m'as puro.